Estamos aquí. De nuevo el
viejo caserón y las frágiles discusiones.
—Y ¿qué coño pasa
ahora?
—Que te echábamos de menos.
—Sí, como antes de más.
—Mira cómo lo sabe…
Otra vez las palmaditas en la
espalda, las sonrisas tántricas y los silencios
a medias.
—Tenemos que hacer algo con
esto. Como siga cerrado se cae a cachos.
—Mientras no me pille dentro.
—Sí, claro. Y tú, ¿vas a
decir algo o sigues contando musarañas?
—Algo.
—Vaya, que agudo ¿qué pasa?
¿ya le tienes comprador?
— No ¿debería? ¿quieres
comprar mi parte?
—Mejor un trueque, te la
cambio por una hipoteca.
— Y yo por mi ex.
— ¿Con o sin niños?
—El paquete completo y de
regalo a la yaya, el gato y dos perros.
—¡Joder con el ofertón…!
—Es que estamos en crisis.
—Sí, existencial.
— Anda… ¿qué hacemos?
Tendríamos que reformarlo todo, yo no tengo un
duro y no va a aguantar hasta el invierno.
—Pues vendemos, aún se puede
conseguir alguna oferta interesante.
—Define interesante.
—Lo bastante para “tapar
agujeros” y librarnos de problemas por una
temporada…
Necesidades e intenciones
compartidas: una respuesta al unísono. Gestos
que se aflojan y cigarrillos que se consumen.
—Os invito a una
cerveza, no quiero volver a casa tan pronto.
Y ya no están. Se
han marchado sin mí. Quizás porque es a este
lugar al que pertenezco o porque sea a mí a
quien pertenece este montón de ruinas. Mi
pequeño castillo desahuciado.
Se cierran las
puertas y huyen los sonidos y la luz. Motas de
polvo a la conquista y mil moscas en pugna por
un reino efímero.
Una despedida…
— ¿Qué puñetas
quieres ahora? ¿Llevarte algo más?
—Sí, las manchas de humedad.
—¡Mira quién habla…!
—¿Cuándo empiezan las obras?
—En dos semanas. Mañana hay
que entregar las llaves.
—Toma las mías…
—Y si la van a tirar ¿para
qué quieren las llaves?
—De recuerdo… Yo qué sé.
—¡Joder! Y a quién le
importa. Hay que entregarlas y punto.
—Si, bwana. Yo entregar
llave.
—Vete a la mierda.
—Ok, ya nos vale ¿no?
—Tranquilo, Pacificador,
estábamos de broma.
—Déjale, es que se pone
nervioso aquí. Le asusta que aparezca la abuela
con la zapatilla en la mano.
—Que va, a éste se le
aparecería con el bocata de nocilla*.
—Jaja.
No tenéis precio como humoristas. Yo me largo,
tengo cosas que hacer.
—Dí
que sí, hombretón, no sea que llegues tarde a
clase.
—Pórtate bien, nene.
—Adiós.
Abandonan una
llave y el eco de sus palabras bombardea el
aire. Metralla a quemarropa sacudiendo cenizas y
borrando cicatrices como el agua de la
clepsidra.
Se derriten los
relojes y me dejo llevar, perdiendo consistencia
y conciencia, pensamiento y palabra.
La pala mecánica
hinca sus dientes en el suelo, muerde con rabia
y remueve memorias y recuerdos que se mezclan
con la tierra para los cimientos.
Datos de la autora: Yasmina
Tabares Fragiel
Edad: Veintitantos.
Profesión: Pedagoga.
Residencia: Islas Canarias. Conozca los textos de Yasmina Tabares Fragiel
Trabajo literario: Participación en Talleres sobre cuento y sociedad (2002).
Participación en curso de creación literaria en
Arteula, Sevilla (2003). Publicación en revista
La Tapa (Tenerife). Publicación en revista
Almendralejo. Publicación en revista Almiar
(2007). Colaboración con Asociación Cultural el
Recreo (2008-2009).