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De princesas

 

 

Yasmina Tabares Fragiel

Érase una vez un reino y dos orillas. Érase una moneda y dos caras separadas por un espejo caprichoso y cruel. Eran dos imágenes enfrentadas hasta la impotencia y en medio estaba yo. En tierra de nadie, con un pie a cada lado de la frontera. La razón embutida en una talla 36 y el ego suspendido de una báscula.

En este reino había también muchas personas. Aquéllas de un lado, éstas del otro. Y sombras que, como Jenofonte, navegaban entre ambos. Yo fui de ésas y equivoqué el camino de regreso. 

Fui princesa durante catorce años y, como todas, escuchaba moverse a la Tierra y me mareaba. Notaba girar a todos a mi alrededor y sus miradas, guisante bajo mi colchón, me marcaban cada vez más hasta que mi piel se transformó en mi peor enemigo. Una tela de araña que me asqueaba y de la que trataba de huir… entonces aparecieron Ana y Mía.

Princesas de la otra orilla. Desterradas, pero poderosas y astutas. Silenciosas como bailarinas se amarraron a mis talones y abrazaron a mis sentidos hasta extenuarlos. Compañeras celosas, acabé por  regalarles mis ojos a cambio de una fuerza que era ofuscación. Como sirenas me arrastraron, o me dejé arrastrar hasta el filo de la navaja.

Ana: cínica y complicada. Me alimentaba de su seguridad y mis temores. Fría como el acero el eco de sus pasos vibraba en mi vientre.  Una polilla en mi interior que quemaba y se quemaba en el fuego de todas aquellas invitaciones, sonrisas y preguntas a las que no respondí. Hizo de mi reflejo  un muro infranqueable y de mí una marioneta  sujeta a sus caprichos por el peso de unas calorías. Convirtió mi mente en un laberinto del que no sabía por dónde escapar y debilitó mis palabras hasta el susurro.

Mía: aún más fuerte e impulsiva. Llegó más tarde, pero con intención de quedarse, y lo hizo. Se sirvió de mi vergüenza para gritarme a la cara su odio y hacer que me odiara. Se adueñó de mis noches insomnes. El temblor de mis labios y la palidez en mis mejillas fueron su estandarte. El ácido en mi garganta fue su ejército y yo su mejor general.

Ambas me replegaron a un cuerpo que rechazaba y terminé por rechazar a quién quería. Mi imagen se cernía sobre nosotras como un mal presagio y juntas le plantábamos batalla. Más allá de la razón las seguí, porque eran suyos mis ojos.

Discusiones, terapias y hospitales nos asediaban. Mi familia y amigos nos cercaban con lo que creía condescendencia y engaños. Aprendí a simular ante todos y a vaciar mi estómago y lacerar mi alma, hasta que ésta hastiada y tan confusa como yo se derramó con el agua de la última cisterna.  

Pensé que por fin había escapado de esa piel que me aprisionaba y entonces me vi: tendida sobre las baldosas de un baño, pálida, casi traslúcida, apenas la estructura de una niña surcada de cicatrices, apenas el recuerdo una muerte… y entonces aparecieron Ana y Mía…

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Datos personales:
 
Nombre: Yasmina Tabares Fragiel.
Edad: 25.
Profesión: Pedagoga.
Lugar de residencia: Canarias

Trabajo literario

 Participación en Talleres sobre cuento y sociedad (2002).

Participación en curso de creación literaria en Arteaula (Sevilla): 2003.

Colaboración revista La Tapa (Tenerife).

Publicación en revista local Almendralejo.

Publicación en revista Almiar (2007)

Colaboración con Asociación Cultural el Recreo (2008/2009).