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Elías David Curiel Ebriedad de nube: inmanente y frágil, alumbra el cielo enlunado del poeta
María Cristina Solaeche Galera |
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Porque no hay muerte sino vida
del lado allá del canto, del lado allá del
vuelo,
del lado allá del tiempo.
El muro de la tarde – atardecido en nuestra
tarde-,
apenas una línea blanca junto al campo
y junto al cielo.
Fernando Paz Castillo
Elías David Curiel, poeta, maestro preceptor de
escuela y periodista, nace el 9 de agosto de
1871, en Santa Ana de Coro,
Su padre Don David Curiel Maduro y su madre
Recordemos tres momentos críticos que tuvieron
que padecer los sefarditas en esta ciudad; los
meses finales de 1831, cuando circulan panfletos
insultantes llamando a expulsar a todos los
judíos, con amenazas de muerte y agresiones a
sus hogares; más violento aún fue el de
1855, donde de nuevo aparecen los xenófobos
pasquines pidiendo la expulsión de todos los
judíos, acusándoles falsamente de acaparamiento
del comercio, empobrecedores del pueblo,
irrespetuosos de la fe católica y de las
mujeres.
Hubo un éxodo general de los judíos y muy pocos
se refugiaron en zonas rurales del Estado
Falcón. En 1891, sanadas “en parte” las
heridas, los descendientes de los sefarditas
eran ya en esa ciudad, escritores, poetas,
promotores culturales, exportadores e
importadores, farmaceutas, mineros, jueces,
concejales y agentes de libros y revistas
traídos del extranjero; hubo un apogeo de
centros difusores de las artes y las letras, se
realizaron uniones mixtas, pero, no pudo
lograrse un plena libertad religiosa para el
sefardí. Elías David Curiel era coriano, pero de
origen sefardita, y sufrió dramáticamente, los
hechos antes expuestos, durante casi toda su
vida.
Y en 1900, el último incidente, azuzado por el
cura José Dávila y González junto con el general
Ramón Ayala, jefe civil del estado Falcón.
Aquél, a través de una carta pública llama a
expulsar de nuevo a los judíos que se quedaron o
a los que regresaron. No tuvo mayor
importancia y esta vez por primera, Coro
defiende a la comunidad judía.
Nunca podrá obviarse, el alto nivel cultural y
comercial que a nuestras tierras aporta la raza
judía, negarlo sería un dislate.
Elías David Curiel estudia, y posteriormente
realiza su labor educativa en el Colegio Federal
de Varones, además, es Director Fundador del
Colegio de Coro. Crea el semanario
El 25 de abril de 1905, lo comisiona el
Presidente del gobierno regional para componer
la letra del himno del Estado Falcón, de la cual
es su creador.
Publica en entregas sueltas y dispersas, en
revistas de la época como la coriana Armonía
Literaria, en varios periódicos y en la
notoria publicación El Cojo Ilustrado
(1892-1915), una de las grandes revistas
literarias de Hispanoamérica con un propósito
central, servir de enlace entre Venezuela y el
resto del mundo; Curiel escribe en esta
revista, desde 1896 hasta 1914, aparecen
poemas de su autoría en el Nº 236 de 1901,
en el Nº 293 de 1904 una prosa, en el Nº 347 de
1906 se le dedica toda una página, y es a partir
de entonces, cuando es considerado colaborador.
En 1944, aparece la primera publicación de
Elías David Curiel, es el poemario Poemas en
Flor, bajo decreto del Gobierno del Estado
Falcón, en
Según Decreto Nº 222 del 21 de agosto de 1950,
emanado del Ejecutivo del Estado Falcón, se crea
en honor a su memoria,
En 1961, la segunda publicación Obra Poética,
dentro de la colección de Ángel Miguel Queremel
de
Una década después, en 1971, Ramón Antonio
Medina, entonces gobernador del estado, realiza
una nueva edición, la llamada “edición azul”, a
la que se añaden a los tres cuadernos
anteriores, un mea culpa y una prosa poética.
En 1974, se publica Obras Completas
en
En 2003, Ebriedad de Nube, una
publicación conjunta del Ateneo de Coro,
Este poemario es el que sedujo en la escritura
de este ensayo literario:
ELÍAS DAVID CURIEL. “Ebriedad de nube”:
inmanente y frágil, alumbra el cielo enlunado
del poeta.
Desde muy niño, lo marca el aburrimiento, el
tedio del ambiente del medio, aunado a ello, la
sobriedad y las prohibiciones familiares dadas
las circunstancias; no va al pozo como los otros
niños, no gira el trompo en compañías
infantiles, no eleva papagayos
multicolores, ni se reúne con otros
chavales:
Es
el camarote de un buque mi estancia,
donde retrosinglo derecho a mi infancia.
Mi niñez no supo de hermosa cometa
ni de la peonza que ritma el planeta,
ni nunca en la copa del árbol subido,
saqué los piantes pichones del nido,
ni fui con los otros rapaces al pozo
1
Nací poeta. En mi niñez temprana,
cuando aun la savia intelectual germina,
vibró en mi ser conmoción divina
que transfigura la materia humana.
Y
en esa edad en que la voz es vana
copia de lo que el alma se imagina,
la flor del estro me clavó su espina
y me anunció los frutos del mañana.2
Apenas asomado al umbral de su casa, saluda
cortésmente a vecinos y amigos; vive siempre de
espaldas a la ardiente y árida geografía del
paisaje falconiano donde habita. En sus poemas
apenas menciona a Coro, o sus médanos, sus
cujíes, sus palmeras, ni los oasis, no, su
mirada es hacia dentro, profundamente
interior, entre misterios y arcanos; vive en un
momento histórico colmado de conflictos
constantes entre los caudillos de turno y sus
diferentes facciones, en un ambiente
desentendido de la poesía como sima de la
espiritualidad, donde la primera y única
preocupación de la clase dominante, de la
sociedad pudiente, es hacer dinero, ampliar sus
intereses económicos y fortalecer sus mercados;
el pragmatismo y el utilitarismo son dueños de
la ciudad coriana.
Se pierde la lengua madre y el tiempo religioso,
desaparecen usos en la vestimenta y costumbres
culinarias; una hibridación no deseada por ellos
se apodera como un pulpo sin dejar respirar
apenas.
Y la cábala en la forma de una criada hechicera
le augura su destino en la borra del café:
Y la negra fámula adivinadora
que previó en mi horóscopo una mala hora,
leyendo la cábala oscura que traza
el turbio residuo de café en mi taza.
¡Oh mi alma, sueño de un dios, incoherencia
de un dios atediado de su omnipresencia!1
Y la madre…
Mi madre dormía y oyó mi lamento,
y
llegó, en puntillas, y entró en mi aposento.
Ungióme la frente su heroica ternura.
No vino mi madre, sino su escultura:
una diafanísima estatua de hielo,
de ojo infinito cargado de cielo.
(…)
Mientras por la casa voy de Ceca en Meca,
hila que deshila mi madre su rueca.1
En el mundo del intelecto apenas tiene escuchas,
no es precisamente la literatura lo que agita el
espíritu de los hombres y mujeres de su espacio
en esa época; y el poeta, no es hecho para los
discursos retóricos, ni la religión como
patrimonio de costumbre o ritual ocioso, ni la
inteligencia al auxilio “material” del poderoso.
Su físico representa genuinamente a Israel, el
rostro ovalado, los ojos abstraídos, la nariz
corva, la barba rubia rojiza.
Un aspecto hierático de profeta arrancado de
Vivo
vida monótona, la calma
de la muerta ciudad que fue mi cuna,
en donde emparedada, como en una
bóveda ardiente, se me asfixia el alma.
Floreció en numen en mi estéril calma.
Fue la aridez de mi región la cuna
de mis estrofas, donde encuentro una
linfa de amor para la sed del alma.3
Desorientado en medio de la llanura
desolada, no encuentro dirección,
pues no hay polar estrella, ni tengo
brújula,
ni el Orto sombrío despunta el Sol.
Camino largo estrecho, camino mucho,
del imprevisto acaso siempre a merced;
y cuando la fatiga detiene el rumbo,
siempre en el mismo sitio me hallo de pie.4
El sol, resplandeciente, color oro y
acosador en las tierras corianas, es dueño y
emperador de sus vigilias y duermevelas.
En tanto el Sol, parhelia de Dios, arde en
fecundo
amor, y es el espejo de oro de Ben – David:
Mesías, cuya diestra porta la paz del mundo
y en cuyo ser comulgan el trigal y la vid.5
El espolvoreo del Sol fumigante
mis puertas hendidas rayo de diamante.
salgo de mi hipnótica vigilia, y no acierto
si he estado dormido o despierto
1
La luna adquiere preeminencia, se adueña de la
luz solar, y Sirio es la estrella donde el poeta
hace morada de sus antecesores.
Y dijo Apolo a Eros:
―“Partamos la noche, como una fortuna,
coje los luceros y me das
―“¿Qué harás con
―“Alumbrar
la alcoba de Psiquis. ¿Y tu con los astros?”
―
Empedrar la ruta zafírea en que el genio
ha de imprimir sus rastros”.
6
Recordemos, que el modernismo en Venezuela es un
movimiento tardío, su influencia se deja sentir
después de la primera guerra mundial. Y no
podría pasarse por alto la presencia literaria
de Elías David Curiel en el contexto del
modernismo como su precursor al lado de José
Antonio Ramos Sucre.
El poeta, crea nuevos metros, cultiva el verso
libre y el soneto, sangra el primer verso casi
siempre y titula todos sus poemas, aligera la
sintaxis, recurre tanto a neologismos como
arcaísmos, utiliza indistintamente a veces la g
y la j siguiendo
Escribe en varias inflexiones con un mismo
ímpetu y una complejidad extraordinaria,
introduce en la lírica de nuestro país elementos
filosóficos, metafísicos, de la mitología
grecolatina y de la tradición
hermético-cabalística de origen hebreo.
Hebraísmos del Zohar y
Y
quizás es tal vez, tal vez seguro
que detrás del aspecto de las cosas
vivan las almas en las cosas presas.
(…)
Antes que el Cosmos fuera y fuera el alma,
¿qué fue nuestro sistema de ocho mundos
que fecundiza el Sol, como áurea palma
de
luz. ¿Mares de lodo?
¿Es todo igual en el inmenso Todo?
7
Elías recoge distantes ecos y los rehace en un
haz con reminiscencias teosóficas, iluminado por
una divinidad y unido a ello incluye el
helenismo. Escritor religioso, en continua
búsqueda de respuestas a las dudas angustiosas
de la fe, un poeta metafísico que se apropia
como refugio de identidad, del lenguaje,
conservando los rasgos de la veneración de su
raza por encima de las referencias regionales o
nacionales, carga como una cruz con la gesta de
su casta, la diáspora de su religión y sus
tradiciones, cruz que hace más agobiante
aun su terruño, donde es casi excluido de
publicaciones, de las críticas literarias, el
reconocimiento, de todo aquello que puede
alegrar el alma escribiente, con apenas algunos
gestos aislados:
Oh Dios mío, el alma se me ha puesto
obscura
pues, como a un abismo, me asomé a otra alma,
y quise, curioso, bajar a su hondura
por el tronco esbelto de la mística palma
que desde su fondo se eleva a
Las evocaciones dolientes de la infancia no
compartida con otros párvulos, cierto presagio
de la muerte dilatada en la vejez y sus
implicaciones en la moral como redención y el
entorno sin transición entre la vigilia y el
sueño, entre la vida y la muerte.
La casa, el hogar de sus mayores, la presencia
de sus antepasados, se sitúan en el centro de
los versos del poema. Atávico en las
semejanzas con los antepasados lejanos, y los
ascendientes remotos, sin necesidad de
nombrar la tradición que le negaron:
Esposo, hijos y padres. Los abuelos:
granos de trigo de generaciones
que aventó Cristo de remotos suelos
a la tierra solar de los cardones.9
Toda su poesía es muy rica en sentencias breves
y doctrinales, en aforismos, señales ello,
de un sincretismo que intenta conciliar en su
interior diferentes doctrinas, ofreciendo
heterodoxias, disconforme con sus dogmas,
inconforme con la doctrina fundamental de las
sectas o los sistemas religiosos, con las
doctrinas o prácticas generalmente admitidas, en
versos donde propone juntar a Pan y a Cristo en
una sola creencia. Y es precisamente ese
sincretismo, una de las avasallantes fuerzas del
modernismo en su capacidad para “terciar
armoniosamente” tendencias opuestas, y lograr
conciliar lo inconciliable, un motivo más que
hace de Curiel un iniciador del modernismo en
estas tierras.
Discurre poéticamente sobre la existencia, los
principios, la creación, dios y las causas
primeras, con una densa indagación ontológica
que trata el ser y sus propiedades
trascendentales en un soporte de múltiples caras
cada una con sus interrelaciones,
mostrándonos la audacia de su escepticismo, la
agudeza de su ironía y el alcance literario de
su valentía.
Me atrevo a afirmar que nunca en la poesía
venezolana de 1870 hasta 1920, se había
alcanzado un tan alto nivel de captación de lo
poético desde esa complejidad y densidad
simbólicas, desde ese juego de múltiples
códigos, que se entremiran y entrehablan, como
se aborda en los textos del poeta falconiano.
Elías David Curiel es un rara avis en el
panorama de la poesía modernista y posmodernista
latinoamericanas.
Enrique
Arenas
Un poeta órfico que nos muestra un orfismo
infinito ausente de lógica, adentrado en los
misterios de la antigua Grecia que se
caracterizan esencialmente por la creencia en la
vida de ultratumba; y en la metempsícosis,
doctrina religiosa y filosófica de algunas
escuelas orientales renovadas por otras de
Occidente según la cual el alma transmigra
después de la muerte a otros cuerpos, conforme a
las valías alcanzadas en la existencia anterior.
Detecta sus fantasmas, les teme, luego los
sublima, los hace sus compañeros entre el
desvelo y el sueño, este poeta suprasensible e
intuitivo, aguzado por su hiperestesia.
Sobre los recursos que la mitología le brinda,
se muestra muy versado en ella y parco a su vez,
sugiriendo al lector el sentido palmario. Hace
de una metáfora el mito de Psiquis tan usado en
el modernismo:
Pero es mejor, Psiquis, que nunca el reflejo
De tu efigie copie mi espejeante musa,
Pues quizá en el limpio cristal del espejo
Contemples el rostro mortal de Medusa.
10
¿Pero adónde irá Psiquis? De estrella en
estrella,
quizás una noche deshile su huella,
como el meteoro
su ovillo del oro;
11
La poética de Curiel, es muy cercana a la
teosofía y a diversas doctrinas religiosas y
místicas que creen estar iluminadas por la
divinidad e íntimamente unidas con ella.
Recordemos el Zohar cabalístico de aliento
místico, la nueva Biblia de los sefarditas,
que no impide aproximarse al cristianismo, ni
reducir su exaltación estética helenística; el
poeta en su periplo indagatorio, cuestionador,
suplicante al universo, a la creación, a sí
mismo, se construye en cada verso, en cada
vocablo.
Elías David Curiel quiere contarnos a
través de sus versos, no sólo sobre su origen
sefardita, también referirnos su pertenencia a
los “poetas solitarios”, a la cofradía de los
“poetas malditos” heridos fatalmente por el
alboroto mundanal, la violencia, las
trivialidades y el destino:
Mi alma, ¿quién eres? ¿quién serás? ¿quién
fuiste?
¿En que astro remoto tuviste tu cuna?
¿Por qué las estrellas te ponen tan triste
y te nostalgizan los claros de luna?
(…)
Muéstrate desnuda, como arde el lucero
diamantino, en pálido crepúsculo rosa:
serás luminosa si tu ojo es sincero;
mas si tu ojo es falso, serás tenebrosa.
10
Lo recuerdan sentado a la puerta de su solariega
casona colonial, abstraído, con la mirada vaga
perdida en un mundo lejano, creando un universo
poético de altísima originalidad, con la vista
extraviada en otras dimensiones donde cree
encontrar una ventanilla por la que pretende
atisbar de otra manera el mundo.
…los versos de Elías David Curiel tienen el
romanticismo de Musset, inquieto y sensual, y
las profundidades, en veces impertinentes de
Baudelaire. Y sobre todo, una marcada influencia
de
Fernando
Paz Castillo
Dueño de un temple ocular pocas veces alcanzado
en nuestras letras
Ennio
Jiménez Emán
Magnifica el misterio en el orden de la creación
y más allá de ella, y los fantasmas familiares,
las angustias existenciales, lo sorprenden en
su insomnio:
Pero de pronto la implacable duda,
cual negra nube, por mi frente pálida
cruza y apaga el bendecido ensueño,
como a la antorcha la violenta ráfaga;
como la sorda vibración de un trueno,
ruge en mis labios la blasfemia amarga;
y tengo en ese maldecido instante
los ojos llenos de ardorosas lágrimas,
inundada de sombras la conciencia
y llena de relámpagos el alma!
12
La ética es una constante en su poesía, es una
ética de raíces comunitarias, tal como la
ejercieron rigurosamente los judíos que habitan
en la ciudad de Coro.
En el amor y el erotismo, Elías David Curiel
pulsa las cuerdas melódicas y los graves
bordones para la mujer, que tiene para él, algo
de sobrecogedora, de luna, de efigie esculpida
en mármol, y sus encuentros con ella, son
alegorías míticas o portezuelas que al
trasponerlas abren los límites a los extremos de
su corazón con el ardor punzante de la lujuria
que lo remueve con estremecimientos:
Amo la boca en que arde
la púrpura del beso
y las pupilas húmedas
de rocío y de fuego.
Amo la carne rosa
del mal velado seno,
y el poema que ritman
las curvas en el cuerpo.
Amo
los brazos, víboras
de tentación que al cuello
se enroscan y acarician
la nuca con los dedos.
13
Y
es vivir dentro del agua
el deseo con que fragua
mi alma todos sus placeres
entre flores y mujeres
transparentes como el agua.14
Ven, y bríndame en tu seno
una copa de veneno,
olorosa como el heno
acabado de cortar.
Treparé las breves lomas,
morderé las ígneas pomas,
y creeré que las palomas
se comienzan a arrullar!
15
boca
que es brasa de ciprina hoguera;
el seno, orbe de nácar; la vellosa
nuca, al mordisco, sazonada pera.
Maravillosamente silenciosa.16
En 1941, Miguel Otero Silva reclama a Otto
D`Sola y Mariano Picón Salas, haber desconocido
con su omisión a Curiel en
Al consultar bibliografía, encuentro que Rafael
Arráiz Lucca en su magnífica obra El coro de
las voces solitarias. Una historia de la poesía
venezolana, en el capítulo VII, El
modernismo entre nosotros lo ignora,
justamente a él, una voz solitaria de ese eco de
la poesía venezolana y precursor del modernismo
junto a José Antonio Ramos Sucre.
En Antología de
La vida está colmada de inercias, vértigos,
soledad, arbitrios y derrotas; el ser humano
vive enigmáticamente en sociedad con su prójimo,
más allá de toda necesidad cuestionable, es
acaso, el único refugio en la drástica soledad
del mundo y al mismo tiempo, le produce
inquietud y hasta temor su cercanía; lo sabe muy
bien nuestro poeta Elías David Curiel,
para él, solamente la poesía es capaz de
proporcionarle momentos de vida que le permiten
recalar de vez en cuando en la otra orilla en la
cual “pareciera dejarse de existir.”
El poeta se suicida, el 28 de septiembre de
1924, alma difícil de contentar, alma a la que
la angustia existencial colmó y arrebató la
existencia misma, está enterrado en el
cementerio judío más antiguo de toda
Un poeta en su mísera buharda
Con la mirada, en apariencia torva,
La hora sombría del sepulcro aguarda.
De toda idea y de emoción vacía,
Su alma errabunda en lo indeciso flota,
Y el rumor de la eterna sinfonía
No halla en el arpa de sus fibras nota.
(…)
para curar la enfermedad del tedio,
el estremecimiento momentáneo
que precede al instante del suicidio;
porque en esa tremenda sacudida
debajo de la bóveda del cráneo
hay una gran concentración de vida.
17
Hay una obligación, hay un adeudo, de todos los
interesados en la literatura para con este poeta
venezolano Elías David Curiel, para con su obra
poética, nuestra cultura y para con Y se muere el ruiseñor
en pianísimo cantar,
en que se ha puesto a llorar,
perla a perla, mi dolor.
Referencias Bibliográficas:
Extractos de poemas de Ebriedad de Nube.
Poesía. Ediciones El otro, el mismo.
Impreso en Producciones
Karol
C. A. Mérida. Venezuela. 2003.
Al través de mi vida.
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Escritora venezolana María Cristina Solaeche Galera Maracaibo, Estado Zulia, Venezuela Otros textos de la autora: Recibimos con gusto las colaboraciones de María Cristina Solaeche Galera, profesora universitaria especializada en Educación Superior y en Matemática. Desde su natal Venezuela nos muestra personajes de la poesía del Siglo XX, para ampliar nuestra visión del fenómeno literario universal. Aquí encontrará ensayos dedicados a Alberto Bermúdez de Belloso, Carlos Rodríguez Ferrara, Luis Enrique Mármol, Enriqueta Arvelo Larriba, Ismael Urdaneta, Lydda Franco Farías, Emiliano Hernández, Vinicio Nava Ulibarri, Ada Pérez Guevara, Elías David Curiel, Genoveva de Castro, Carlos Borges, Rosa Virginia Martínez, José Tadeo Arreaza Calatrava, Edna Medina Patrick, Atilio Storey Richardson, Lucila Velásquez, Elizabeth Shön, Marcial Hernández, Ida Gramcko.
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