Jesús Ademir Morales Rojas

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El Génesis y sus variaciones

 

 Jesús Ademir Morales Rojas

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En el inicio Dios creó el cielo y la tierra. Esta última, no más que caos en soledad: las tinieblas velando las simas del ser y el divino tedio contemplándose en las estériles aguas de la eternidad. Pronto se diría: “Hágase”, y todo en la tierra comenzó. Pero, ¿y el cielo? Parecería que el génesis verdadero aun esta por acaecer; quizá cuando concluya este espurio ensayo nuestro, elaborado con la parte más dúctil y accesoria del universo. (La menos creativa de la creación).

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Dijo, “Hágase la luz”, y al verse Dios por vez primera, Adán despertó: el jardín desolado al ocaso, las rejas abiertas como un mudo lamento, o una sonrisa.

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En el principio creo Dios el cielo y la tierra, es decir, la forma y la materia: los anhelos de la diferencia; de esa anodina distinción entre el vacío y su reflejo, flotando sobre ondas de infinito, perdiéndose hacia ningún lado.

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Dios vio que la luz era buena y la separó de las tinieblas. A la luz la llamó día y a las tinieblas noche. (Pero ambas le ocultaron su verdadero nombre: el mismo que aún se intercambian en secretos concilios, en donde, se dice, se gesta el mundo.

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Cuando Dios dispuso a los seres humanos a su imagen y semejanza, a fin de que sometieran a todas las criaturas del mundo; en la pluralidad de su “Hagamos”, el reflejo lo perdió: el creador también sometido a la voluntad de ser, de su propia sed.

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Así quedaron concluidos el cielo y la tierra, con todo lo que contienen. Al día séptimo Dios había terminado su obra y descansó por fin de todo lo que había hecho. Aún sueña.

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Entonces Dios formó al hombre, sirviéndose del polvo de la tierra. De tal modo que con solo un soplo en la nariz, el hombre llegó a ser viviente. (Pero las espigas  que se disgregaron con ese mismo impulso, aún aguardan por el lugar preciso parea asentarse, cuando todo haya pasado,  y así germinar el auténtico génesis: su jardín)

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El árbol del bien y del mal yacía plantado en el centro del jardín: justo el lugar mejor ubicado para extraviarse más.

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Adán distinguió a todas las bestias  por medio del lenguaje: “como el hombre los llamó, ese fue su nombre”. Pero al final, cuando se le agotaron las palabras, olvido el suyo propio: los animales, más inteligentes, nunca le recordaron nada.

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La costilla de Adán: su creación particular: ese fue el verdadero motivo de aquella partida definitiva.

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Pero la misma manzana, tenía un gusano dentro: por lo tanto, la verdadera serpiente aún crece, y aguarda en un génesis perenne.

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“-La serpiente me engañó, y comí.” Entonces Dios dijo: “Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer…” Y entonces el verdadero Adán sonrió satisfecho, y se alejó reptando entre las flores, a lo más profundo del jardín, para siempre. 

 

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Escritor mexicano


Jesús Ademir Morales Rojas nació en la Ciudad de México en 1973. Cursó estudios de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Además, es diplomado en Historia del Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana y en Museología (mención honorífica) por parte del Museo del Carmen, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ha colaborado en diversas publicaciones literarias virtuales como Crítica, Destiempos, AXXÓN y Literatura Virtual.

Ha participado en varias redes de blogs orientadas a la cultura y la educación. Actualmente forma parte del equipo de redactores de la red Hoyreka!" y del proyecto de creación de contenidos Coguan, cuyo fundador y Director General es el Dr. Carlos Bravo.

Jesús Ademir es administrador de redes sociales y gestiona cuentas de los blogs Hoyreka y es el responsable del área de social media en la firma TratoHecho.com

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Otras colaboraciones suyas incluyen la redacción de artículos para la productora argentina especializada en contenidos online Bee!

 


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Ademir convoca imágenes reflejadas en espejos infinitos en la serie de narraciones reunidas bajo el título Hipnerotomaqia. Surgen ahí personajes, fantasmas y monstruos cotidianos para protagonizar sueños interminables donde cambian de aspecto, tanto como las palabras del narrador que las retuerce hasta sacar nuevos significados de los signos convencionales.

Todos los que han soñado saben que la percepción se altera para mostrar realidades imposibles. Los tiempos se confunden y el futuro deja de ser consecuencia del pasado. Hay un orden propuesto por el autor, para adentrarse en estas ocho lecturas, aunque bien sepa que es imposible establecer normas que precisen una estrategia de lectura.

Así que invito al amable lector a conocer cualquiera de las partes que integran esta obra.

 José Luis Velarde

Hipnerotomaquia